Motivadas por escritoras como la inglesa Helen Fielding, autora de El diario de Bridget Jones, o la norteamericana Carrie Bradshaw y su Sex and the city, dos debutantes se lanzaron a la piscina, a fines de 2003, en el intento por hacer un retrato moderno de la chilena de treintitantos. Al igual que sus pares británicas, rozaron el éxito con sus publicaciones. Tanto, que en 2005 salió la compilación de las columnas "Treinta y uno".
Miércoles 13 de Julio de 2005
Marcelo Simonetti
Claudia Aldana recibe semana a semana decenas de e-mails. También cajas de chocolate, convites, libros. Es, sin duda, la columnista más asediada por sus lectores de revista Ya de "El Mercurio".
Una tarde, luego de recibir a diario, y por espacio de cuatro semanas, flores de parte de uno de sus seguidores, decidió aceptar una invitación a comer hecha por tan obsesivo lector.
"Fue un desastre dice ella. Porque él no quería salir con Claudia Aldana, sino con el personaje de mi columna, Consuelo Aldunate. De hecho, a cada rato me decía: ya, pos, habla como la Consuelo". Cena indigesta. Primera y última. Noche solitaria y tortuosa, con la mirada pegada al techo: ¿quién soy realmente: Claudia o Consuelo?
Probablemente a Helen Fielding le pasó algo parecido. Helen Fielding, la chica que escribía columnas para The Guardian y que luego irrumpió en librerías con El diario de Bridget Jones y, meses más tarde, con Bridget Jones: sobreviviré, en lo que fue el inicio de una revolución literaria. "58,6 Kg. (cuerpo todo grasa), 1 novio (¡hurra!), 3 polvos (¡hurra!), 2.100 calorías, 600 calorías quemadas por los polvos, así que, calorías totales: 1.500 (ejemplar)". Imagino a Helen Fielding haciendo lo mismo que Bridget, su alter ego de ficción. Celebrando el encuentro de rigor que, más allá de brindarle un par de orgasmos, le permite reducir su porcentaje de grasa.
Imagino a Helen Fielding mirando el techo de su departamento en South Kensington, sumando y restando calorías, con el novio de turno encima suyo. Imagino a Helen Fielding haciendo recuerdos, sola, sin saber si a la que recuerda es ella misma, la escritora, o su obseso Frankestein, Bridget Jones.
La comparación con Helen Fielding no es gratuita. "A mí me tocó estar en 2000 en Estados Unidos cuando salió el libro Sex and the city, de Carrie Bradshaw. Me di cuenta de que venía un boom, igual que el que se produjo poco antes con Bridget Jones. Entonces se me ocurrió que lo que ellas contaban era lo mismo que estaba pasando en Chile, sólo que en vez de que les sucediera a mujeres de treinta y siete o treinta y ocho años, le estaba pasando a gente como yo, que por ese tiempo andaba en los veinticinco. Ahí comencé a elaborar el proyecto", cuenta Claudia.
Poco tiempo después nacía, en revista Ya de "El Mercurio", la columna Treinta y uno, en la que Consuelo Aldunate cuenta las penurias y emociones de una soltera que recién pasó los treinta y que hace de las citas sentimentales su leitmotiv. El éxito de esa columna la hizo saltar, hace poco no más, al libro. Happy Hour no es un larga duración de Treinta y uno, sino "el backstage de la misma".
Aldana no está sola en este afán por retratar a la chilena treintañera. Alejandra Parada, editora de cultura de la revista Cosas, también se tiró a la piscina. Escribió "Estoy agotada", un texto en el que da cuenta de las dificultades con las que se encuentra la mujer de treintitantos que debe conjugar los roles de profesional, esposa y madre.
Estoy agotada es bastante testimonial. Las personas que me conocen van a darse cuenta de que hay mucho de mí en Ignacia Suárez. Por ejemplo, coincidimos en la profesión. Yo también trabajo en una revista. Pero en lo que es súper testimonial es en mis emociones. Sí tuve un hijo; sí tuve una depresión, y aunque al principio pensé que quizá no debía contarlo, la recepción de la gente ha sido tan impactante, que me alegro de haberlo hecho.
El debut de Parada tiene una alta dosis de humor y el mérito de reírse de su propia desgracia. Ella hizo foco en la autora Alison Pearson, una periodista inglesa que al novelar las columnas que escribió para el Daily Telegraph dio cuerpo a I don't know how she does it. "La portada ya lo dice todo: un maletín, zapatos de niño desparramados por ahí, un reloj y miles de recados escritos en la agenda con papelitos amarillos para no olvidar", describe en el propio libro.
Carcajada y depresión
No se ve agotada, Alejandra Parada. Ríe, con una carcajada pastosa, pero agradable. No lleva tantos años trabajando en la revista como Ignacia Suárez, la protagonista de su obra, pero sí está casada, tiene un hijo de la edad del de Martín. Pero, ¿qué le envidia la editora de Cosas a Ignacia Suárez?
"El marido. Ja, ja, ja", responde divertida. "No, en realidad, mi marido es bastante parecido al de Ignacia Suárez. No sé de verdad qué podría envidiarle".
Según la mirada de Alejandra, la vida de Ignacia, como la suya, como la de todas las mujeres, sigue siendo complicada.
| En librerías |
• Maggie ve la luz, de Marian Keyes, editorial Plaza & Janés. Precio: 16.200. (*)
• Sushi para principiantes, de Marian Keyes, editorial Plaza & Janés. Precio: 16.200. (*)
• El diario de Bridget Jones, de Helen Fielding, editorial Lumen. Precio: 14.040. (*)
• La vida frenética de Kate, de Alison Pearson, editorial Plaza & Janés. Precio: 22.320. (*)
• Nadie es perfecto, de Jane Green, editorial Salamandra. Precio: 13.540. (**)
• Estoy agotada, de Alejandra Parada, editorial Norma. Precio: 8.390.
• Happy Hour, de Claudia Aldana, editorial Planeta. Precio: 6.990
(*): Feria Chilena del Libro.
(**): Librería Antártica.
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Mi libro es el reflejo de cierto grupo etario, pero creo que ese problema puede extenderse hasta las mujeres de sesenta años y más. Hoy, todas las mujeres estamos exigidas en nuevos roles. Las abuelas de ahora no son las abuelas de antes que tenían dos nanas en la casa y uno podía dejarles los nietos durante semanas. Son abuelas a las que uno les exige que lleven al niño al jardín, que lo lleven al doctor. En ese sentido creo que el "estoy agotada" corre para una mujer de treinta años como para una que ya ha entrado en la tercera edad.
Así como ha cambiado la imagen de la soltera, ¿cree que la de la mujer casada también ha sufrido variaciones?
"No sé si la sociedad mira hoy distinto a una mujer de treintitantos que no se ha casado. Creo que, quizás, ese no sea el punto. Lo que importa es saber cómo se mira a sí misma esa mujer. Me da la impresión que por muy exitosa que sea, por muy independiente, igual quiere los hijos y un marido. En lo que toca a la mujer casada, tengo la idea de que está influida por un afán de perfección, que implica tener que coordinar el trabajo de la casa, el sexo, el no sexo, que también es un tema, la familia, la familia del otro, y en ese sentido no hemos dejado de exigirnos y es ahí cuando se te genera la congestión mental y la angustia".
Es inevitable confundirse. Las palabras y las ideas de Alejandra Parada se confunden con las de Ignacia Suárez. Hay guiños. Cruces. Como la teoría que esgrime y que echa por tierra la idea de que la televisión en el dormitorio apaga el deseo sexual. "Que la tele esté en la pieza no tiene nada que ver con que tengas más o menos sexo. A veces, con la tele, igual te puedes hacer cariñito. Pero si la sacas y la reemplazas por los libros, no te queda ni una mano libre". Parada, como su personaje, se la ha pasado sacando y metiendo la tele en la pieza.
Me vuelvo cada día más loca
Hubo un momento en que Claudia Aldana estuvo al borde de la esquizofrenia. En que odió el maldito día en que inventó a Consuelo Aldunate. "¡No me pregunten más qué piensa ella, pregúntenme por mí!". Y trató de matar a su propio personaje. Estaba harta. Llegaba las fiestas y cuando decía que trabajaba en "El Mercurio" le decían, "¡Nooooo!, ¿y conoces a Consuelo Aldunate?", y ella, que a esas alturas sólo quería venganza, decía que sí, que era una mina tóxica, un plomo, lo peor de lo peor.
"Entonces me di cuenta de que no podía hacer eso. Qué estaba ocurriendo conmigo. No podía meter el personaje en mi vida. Debía disociarlo. Pero era difícil porque algunos de los tipos con los que salía y que sabían que yo escribía la columna me usaban como aviso económico. "Oye, pon en la columna que te abro la puerta". O si no, se quejaban de no aparecer en la columna la semana siguiente. Les tenía que aclarar, "ey, la columna es ficción, yo no estoy escribiendo acerca de mi vida", cuenta Claudia.
Consuelo fue cobrando demasiada vida. Y Claudia supo que había que matarla. Acabar con ella. Si no Claudia no iba a poder seguir. O sea, cuando había decidido que no iba a escribir más la columna, cuando resolvió hacer público su personaje, se sorprendió a sí misma contando más de lo debía en Treinta y uno. Puesto de otro modo, ¡Consuelo Aldunate abandonó su personaje y empezó a escribir acerca de Claudia Aldana!
"En los últimos meses, no tomé muy en serio la columna. Me preocupaba de despacharla y ya. Después de un tiempo, comencé a leer con detención lo que había escrito y me di cuenta de que era yo la que estaba hablando. Yo, que lo estaba pasando mal. Yo, que me desahogaba a través del personaje de Consuelo".
La publicación de Happy hour y la decisión de contar su verdad ¡yo soy Consuelo Aldunate! la libró del loquero. Había que dejar en claro, para ella, para todos, que la Consuelo era una ficción. "El libro es el backstage de la columna. Necesitaba decir que yo era Consuelo Aldunate para que se entendiera la historia. Por eso di la cara. Pero nunca pensé que podían pasar tantas cosas.
Ahora resulta que, según la gente de la radio Concierto, yo soy el icono de la generación, y en verdad no creo que sea para tanto. Hay un buen lote de gente que enganchó con la columna, pero me imagino que hay un montón de casadas a quienes no les debe interesar nada de lo que escribo".